Para aquellos que no tienen historiadores, para los martires sin nombre, con amor a Catalina Jaquez  

   


 A veces el amor puede ser doloroso y, si parecería una contradicción, porque el amor, en su principio, no es dolor, pero para una madre un hijo es su canonización con el universo, es su apología a la vida. Cuando se fractura la lámina más pequeña de su piel, su universo se viene abajo, y a pesar de eso, su reacción, con el tormento en todo su cuerpo, será siempre protegerlo. Ella, en vida, se llamó Catalina Jaquez. Su única infracción en este universo fue amar. Un día de junio de 1971, un cable de una plancha fue su evasión para su conjoga. Ella supo en el momento que vio su pimpollo en una de las cárceles del que nunca debió haber nacido, que ya ella estaba abatida. Su desolación no la dejó divisar un escape, pues su amor ya le dolía de tantos latigazos que ella misma sentia en la piel de su hijo, ella se quedó sin espíritu.

Se convertiría en leyenda del universo, su historia se narraría de barrio en barrio, de pueblo en pueblo, de país en país, a pesar del silencio de los historiadores de trampas, de los autoproclamados "héroes", esos que en el estado siempre tienen facturas a cobrar sin fechas determinadas. Pues ella no era mártir, solo fue una madre que amaba, de esas tantas que existen en los barrios y pueblos de mi patria, y que aquella famosa Banda, dirigida por el mismo hijo de Lucifer (porque si existió Lucifer), con nombres de pueblo,de gente común, por órdenes de los de siempre, que sacó a miles de jóvenes de este mundo, solo por desear un poco de equidad e igualdad. 

Catalina Jaquez, que tu infinito amor siempre nos toque!!!

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